Cualquiera que haya construido una empresa de éxito tiene su propios consejos sobre cómo hacer crecer un negocio. Para llegar a triunfar se necesita algo más que un título de una buena escuela de negocios. Y como muchos han experimentado, no basta con tener buenas ideas y trabajar duro. Ninguna de esas tres condiciones garantizan el triunfo.

Para ser un buen empresario hay que tener, sin duda, una serie de cualidades: audacia, pasión e imaginación. Elon Musk dice que los buenos líderes deberían centrarse primero en la fundación  de su empresa. Pero hay una delgada línea entre ser un líder fuerte y atrevido que motiva a su equipo frente a un líder cuya intensidad ahoga la energía y creatividad de las personas que trabajan con él. Los mejores líderes poseen ciertos valores que finalmente animan a los equipos a hacer su mejor trabajo. Y esos valores no son innatos, esos valores se pueden aprender.

Comunicar, comunicar, comunicar

De Morten Hansen, profesor de administración de la Universidad de California en Berkeley, hizo un estudio entre cinco mil profesionales de negocios de Estados Unidos. El trabajo se prolongó durante  cinco años. Y descubrió que los líderes que tienen éxito  son buenos comunicadores y  saben cómo simplificar sus mensajes, sus  necesidades y sus prioridades.

Pero conviene no confundir ser un buen comunicador con ser un buen conversador. No es lo mismo. Los grandes comunicadores hablan con confianza y desde una posición de conocimiento: conectan  con la energía y las aspiraciones de las personas. También saben cuándo escuchar, y lo hacen de forma tranquila, asimilando lo que escuchan y observando las palabras y sentimientos de la otra persona antes de reaccionar. Esto permite a los líderes modificar su mensaje de acuerdo con una situación específica. En la comunicación efectiva no se trata de decir lo correcto durante todo el tiempo; se trata de satisfacer las expectativas y necesidades de las audiencias a las que se comunica.

Recuerden la frase en Einstein“Si no puedes decirlo de manera sucinta, no lo entiendes lo suficientemente bien”. 

Mantenga las emociones bajo control

Ser emprendedor significa no tener nunca un momento aburrido, especialmente en las primeras etapas de la creación de un negocio, cuando los altibajos son extremos. Un día siente la emoción de lo que se está creando; al día siguiente, es la ruina y la tristeza si las cosas no marchan como se esperaba. Y es fácil dejar que los errores se conviertan en momentos abrumadores de culpa y vergüenza, mientras que lograr una victoria puede subirse a la cabeza de un dueño de negocio. Por eso es imperativo que los buenos líderes comprendan desde el principio cómo controlar sus emociones relacionadas con el negocio, ya sean positivas o negativas.

Liderar una empresa es una tarea que no es para  débiles. Habrá desafíos y éxitos, la mayoría de las veces en cantidades desiguales. Aprender a tomar esos momentos tal como vienen, sabiendo que esto también pasará, es fundamental para un liderazgo fuerte: muestra un juicio claro y equilibrado, y ayuda a motivar a los empleados a seguir el mismo ejemplo.

Celebre las victorias de su equipo

Las historias que cuentan los orígenes de las empresas  de éxito son siempre fascinantes. Y a todos les encanta la historia de un empresario brillante autodidacta que lanzó un negocio exitoso. Pero la realidad es que, ya sea una historia de superhéroe o una de las empresas de Fortune 500, el éxito casi siempre es un esfuerzo de colaboración. Los líderes que reconocen y reconocen públicamente las contribuciones de todo su equipo, en lugar de destacar el trabajo de ciertas personas o incluso de ellos mismos, tienen más probabilidades de crear un entorno en el que los empleados se sientan apreciados e importantes para el éxito general de la empresa. La cultura de  un líder de éxito se puede  resumir en cuatro palabras:  Feliz, Hambriento, Humilde y Sincero. Ser positivo, buscar soluciones, aprender unos de otros y valorar la transparencia son excelentes maneras de elogiar las contribuciones y los éxitos diarios. Tan intangibles como pueden ser las habilidades de liderazgo. El quid de ser un buen líder radica no solo en los rasgos inherentes, como la confianza y la inteligencia. Se trata de los comportamientos aprendidos de cómo relacionarse con las personas de una manera que los impulsa a hacer un gran trabajo y a amar lo que hacen. Solo entonces un buen líder se convertirá en un gran líder.

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