El día 25 de mayo de 2018 ha entrado en vigor el Reglamento General de Protección de Datos de la UE (“General Data Protection Regulation”, GDPR) con el objetivo de garantizar al ciudadano la protección de sus datos y privacidad mediante una nueva norma regulatoria.
En el sector financiero esta nueva regulación de protección de datos ha supuesto aumentar el grado de obligaciones de cumplimiento, porque se unen a las obligaciones ya establecidas por la Directiva de Servicios de Pago.

Control de datos

En este sentido, los bancos tendrán que garantizar a sus clientes un mayor control sobre sus datos y su utilización, al tiempo que deben compartir información financiera -como saldos y transacciones con terceros- permitiendo que estos inicien transacciones de pago en nombre del cliente.

Pero la implantación de este Reglamento General de Protección de Datos toma especial relevancia cuando se aborda la situación de los bancos extranjeros que operan en Europa. ¿Qué va a suceder? Simplemente que también se extiende su aplicación a todos esos bancos extranjeros que procesan y almacenan los datos de residentes comunitarios con independencia de su ubicación. No podemos dejar pasar el caso particular de los bancos estadounidenses: estas entidades bancarias tendrán, además de confirmar el cumplimiento del Reglamento General de Protección de Datos de la UE, que demostrarlo documentalmente, lo cual incrementará sus costes operacionales en Europa.

La normativa, en cualquier caso, prevé generar confianza en el tratamiento de los datos financieros (“financial digital trust”), lo que unido a una gestión basada en la mejora de la experiencia de cliente, puede incrementar significativamente la rentabilidad del sector.

Pedro Martín Molina 

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